Guillermo Munro, con “Regreso a Puerto Esperanza”, nos sorprende de
nuevo.
Jesusa Gamboa
“En Regreso a Puerto Esperanza”, Guillermo Munro nos demuestra que las vivencias cotidianas, las de
todos los días, las que nos forman como individuos, nos unen como pueblo, las que nos dan identidad,
las historias simples… son las grandes historias.
“Regreso a Puerto Esperanza” es el relato de un campo pesquero, enclavado en el Desierto y el Mar de
Cortés.
Como toda comunidad que surge, era de pocos habitantes, cerca de mil, casi todos conocidos. En 1951,
el joven Miguel regresa al Puerto, después de 7 años de ausencia, ahí empieza esta historia de divertidas
anécdotas, que lleva al lector de la risa a las carcajadas.
Profundizar en la técnica literaria de Munro, resulta irrelevante, solo mencionaré que recurre al nuevo
periodismo, es decir, nos presenta historias reales pero noveladas, un juego entre ficción y realidad, con
un lenguaje sencillo, común.
De nueva cuenta, como en sus otros libros, juega con los tiempos, nos lleva y nos trae en un ameno
recorrido entre los años de 1933 a 1951, donde pareciera que el tiempo no pasa.
En “Regreso a Puerto Esperanza” encuentro una técnica impecable; una historia fabulosa y bien
planteada; unos personajes queridos y cercanos, de encuentros y reencuentros.
¿Quién no ha tenido un compañero de aventuras como el Güico, un recuerdo como la Guirnalda, un
amigo gordo, chaparro y tartamudo, como el Erizo, un hermano como Pedro o una hermana como
Marbrisa, unas amigas como la Perla y la Damiana, o un tío aventado y divertido como Roque?
¿Qué pueblo no ha tenido un comandante de policía como El Pancholín, un médico recién llegado o un
personaje como el indio Atilano, que nunca uso zapatos?
¿Qué pueblo no ha tenido amores prohibidos o habitantes misteriosos?... ¿Qué comunidad no ha tenido
sucesos trágicos que marcan su historia?
Por eso Puerto Esperanza puede ser cualquiera o ninguno de los pueblos pesqueros de este Desierto
Sonorense.
O tal vez, la esperanza de un Puerto que se resiste a ser el de los años 50´s, que Munro nos recuerda…
pero con su misma gente.
Como novelista y coleccionista de historias, Munro nos demuestra de qué esta hecho, al recoger relatos,
al viajar por el tiempo, al rescatar vivencias y luego, con el don nato que tiene, ofrecérnoslas en una
novela como ésta.
¿Qué pretende un escritor al indagar en el pasado?... ¿Qué busca al desempolvar memorias?... En un
escritor como Munro, es fácil encontrar las respuestas. El quiere recuperar la historia, hacerla vigente,
recordarnos quienes somos, de donde venimos, a quienes nos debemos y recordarnos también, que
quienes venimos del mar, tenemos identidad.
Una identidad que ha costado muchísimo esfuerzo, lágrimas, sudor y sangre, pero lo más importante,
Guillermo Munro nos dice que no coincide con la idea de que la esperanza muere a lo último… sino que
nunca muere.
Mi estimadísimo Memo, gracias por estas horas de deliciosa lectura.
Jesusa Gamboa, 20 de abril de 2007, Pto. Peñasco, Son.