No me da
miedo morir
Crímenes
cotidianos: Ecología y narcotráfico en No
me da miedo morir
Juan Carlos
Ramírez-Pimienta
San
Diego State University - Imperial Valley
En
los pueblitos del Norte siempre ha
corrido la sangre.
-
Julián Garza[i]
La narrativa policiaca sonorense no cuenta con un autor “negro”
paradigmático como podría ser el caso de Gabriel Trujillo en Baja California o de Francisco José Amparán en
Coahuila. La obra de Guillermo Munro
-que trataré en este ensayo -es marginal:
sus obras son difíciles de conseguir y relativamente poco conocidas.[ii] De hecho, No me da miedo morir es edición de autor. El mismo Munro explica: “La publiqué en
edición de autor porque es muy difícil para uno de provincia que algún editor
en México D.F. le publique.” La novela está
disponible en muy pocas librerías aunque ha recibido atención crítica en una revista de circulación nacional como es el
caso del semanario Proceso.[iii]
Munro ha sido víctima del proverbial centralismo que por tantos años ha
condicionado la producción cultural del norte y la frontera. A menos que el
locus de diseminación sea la capital del país los escritores de provincia (en
especial los del norte) encuentran muchas dificultades para llegar a ser
publicados y leídos a nivel nacional.
Con frecuencia los libros de los autores norteños se publican en
pequeñas editoriales estatales o privadas con poca o nula distribución.[iv]
En el caso de la literatura negra de la zona nos encontramos con una
doble marginación: ¿si la literatura policial es ninguneada en el mismo centro
del país, qué pueden esperar los escritores regionales del género?
No me da miedo morir de Munro aborda el tema del narcotráfico, la
narcocultura, la presencia de lo “extranjero” y otra característica que poco a
poco va haciéndose más presente en la literatura policial mexicana: la labor de
los medios de comunicación como agentes investigadores y /o punitivos ante la
falta de una procuración de justicia oficial efectiva. Como ha señalado
Santiago Castro-Gómez: “en tiempos de globalización, los medios son el terreno
para el establecimiento del dominio de unos grupos sobre otros, pero también
son, al mismo tiempo, el terreno
apropiado para la resistencia contra ese dominio.” (El énfasis es mío 748)
Estamos entonces ante una manifestación del fenómeno que Néstor García Canclini
ha denominado la doble agenda de la globalización.
Cristóbal Santilláñez, protagonista
de No
me da miedo morir, indica hacia el final de la novela que:
“La única solución es dar a conocer la situación.” (177) En la obra, pues, la
imagen del periodista valiente es elemento indispensable en la procuración e impartición de justicia. Desgraciadamente,
tanto en México como en otros países, una de las consecuencias de luchar contra
la injusticia y la impunidad es
arriesgar la propia vida. La historia
reciente del país muestra numerosos casos de periodistas asesinados por
divulgar noticias “incómodas”.[v]
Con
la publicación en el año 2003 de No me da
miedo morir se percibe un cambio en la dirección narrativa de Guillermo
Munro. Si en sus anteriores obras (especialmente en El camino del diablo que narra los
esfuerzos por conquistar el desierto de Sonora) el ser humano era representado de forma heroica en su lucha con
la naturaleza ahora, en No me da miedo
morir, parece ocupar el lugar del villano al transgredir la fragilidad
ecológica. Claro que no todos los
hombres y mujeres son culpables. Resulta evidente al abrir la novela quiénes son los héroes de Munro. La
primera dedicatoria del libro es a la memoria de Benjamín Flores, periodista
asesinado en 1997 en la ciudad de San Luis Río Colorado, Sonora. Como un
ejemplo más de que la ficción y realidad se confunden de manera especial en el
norte y la frontera mexicanas a este periodista, director del periódico La prensa de San Luis Río Colorado, lo
acribillaron a unos pasos de sus oficinas cuando investigaba la desaparición de
media tonelada de cocaína que recién había sido decomisada por las
autoridades. Asimismo, Munro dedica la
novela a Jesús Blancornelas, el director
del semanario Bajacaliforniano Zeta
que sobrevivió un atentado a manos
de sicarios asociados al cartel de Tijuana en noviembre de 1999.[vi]
Pero también dedica la obra a dos
biólogos: a Catherina D’agrosa y a Omar Vidal.
Los reporteros valientes y los biólogos marinos ecologistas ocupan un
lugar preponderante en la escala de valores de Munro quien ha pertenecido él
mismo, por más de veinte años, a una asociación
ambientalista: el Centro de Estudios del desierto y el Océano, CEDO. No me da miedo morir es una denuncia del
narcotráfico pero no solamente en relación al daño que ocasiona a la sociedad
en tanto detonante de violencia, muerte y corrupción, sino en un aspecto menos
conocido: su impacto ecológico. Jorge Murguía Espitia en una reseña publicada
en Proceso que tituló “La vaquita marina en peligro de
extinción” describió acercadamente la novela como una denuncia sobre los modos
de actuar de los narcotraficantes y sus secuelas en el Golfo de Baja
California. Estas secuelas son precisamente los daños irreversibles que
ocasionan a un frágil ecosistema que sirve de hábitat a varias especies marinas
en peligro de extinción.
Con
lo anterior no quiero decir que la denuncia social no sea parte importante de
la obra. La novela mina el mito de que la droga no perjudica México, que se va
toda hacia los Estados Unidos. La siguiente conversación entre dos
narcotraficantes, Rojas y el Chichi Prieta deja muy en claro que lo que les
importa es el dinero, no los nacionalismos ni los resentimientos hacia los
Estados Unidos. Estos traficantes están muy lejos de la imagen del bandido
generoso con que en ocasiones los narcos son revestidos en el imaginario
popular a través de los corridos y otras producciones culturales:
—Primero
vamos a hablar de negocios —dijo Rojas—. Vienen tiempos de mucha chamba. Tú sabes que los colombos y los
peruanos están pagando con mercancía. El
cincuenta para nosotros por pasarles su parte […] Lo que quiere decir que ahora hay que mover más droga en la
frontera. En la ciudad.
—Ni
creas que me he dormido. Mi gente anda
chambeando en eso, compa. Traigo
una parvada de chamaquitos distribuyéndola. Estoy regalando mucha droga pa’ reclutar críos. Tengo
algunos bueyes en las escuelas y en las discotecas empujándola.
—Haciendo
mercado. (68)
No es casual el diminutivo “chamaquitos” ni el “críos” empleado por
Munro. El autor no quiere dejar duda de que las víctimas también son los más
débiles, los más desprotegidos.
Por lo mismo, Munro también ataca la noción del
narcotraficante generoso que al gastar su dinero propicia un derrame económico
y fortalece las economías locales. La figura patética del contrabandista
sanluisino, el Chichi Prieta, muestra que el daño que causa es, con mucho,
mayor al beneficio financiero que sus parrandas y excesos dejan en la
comunidad. Sin embargo, aun sin
romantizar, la novela también describe el caldo de cultivo que hace que se opte
por el narcotráfico como una forma de abandonar
la pobreza. Si algo describe la novela es que no hay soluciones sencillas
para los graves problemas que afectan al país. Si bien la situación económica
no justifica el ilícito sí ayuda a comprender por qué y cómo se da. Habla el
Chichi Prieta:
Sin escuela, sin profesión, sin
dinero y sin esperanza de tenerlo... ¿Qué me quedaba?
Nunca hubiera podido tener lo que ahora tengo.
Nosotros fuimos siete hijos.
Mi jefe se fue de ilegal pa’l otro lado. Nunca lo volvimos a ver. Nunca supimos de él. Nos estaba
llevando la chingada de hambre. Un tío mío que le
hacía a este negocio es mi padrino. Él me metió en esto. Ahora mi vida es como una película. (154)
No
me da miedo morir está estructurada
en tres secciones intercaladas: los capítulos marcados con números arábigos
(los más numerosos, del 1 al 30) cuentan la historia de los protagonistas
Cristóbal y Gabriela. Los capítulos marcados con letras (A- H) están escritos como notas periodísticas de diferentes diarios.
Por último, los capítulos marcados con números romanos (I-V) relatan la
historia de una vaquita marina o Phocoena Sinus. En relación a estos capítulos
de la vaquita marina, Munro mismo ha dicho que son a los que les falta más
cuidado y los que agregó al final.[vii] Sin negar que evidentemente tenga razón, es fácil
ver por qué los incluyó y qué papel cumplen.
La novela de Munro es horaciana, es decir, su fin no es solamente
artístico sino uno didáctico.
La denuncia de Munro
es – repito- ante todo ecológica. El gran crimen que la novela exhibe es el que
se comete en contra de la naturaleza. En este sentido, había que humanizar a la
vaquita marina. Era necesario que el
lector siguiera las desventuras de esta
marsopa en su lucha por sobrevivir. Para que lo anterior pudiera
lograrse cabalmente el autor juzgó necesario incluir capítulos dedicados
especialmente a La Vaquita, aun a riesgo de que el flujo narrativo
sufriera. El mensaje del autor enfatiza
lo imperioso que es concientisarse de la preservación ecológica. Como en el
caso del narcotráfico, aquí también Munro sabe que no hay respuestas ni
soluciones sencillas. Por ejemplo, a pesar de que los pescadores contribuyen a
la destrucción ecológica, en la novela no se les juzga pues se reconoce que tan
sólo están tratando de mantener a sus familias: “Muchos de ellos saben que
hacen mal pero sólo piensan en la captura del día.” (22)
Es por este mismo afán didáctico que en ocasiones en los capítulos dedicados a
Cristóbal y a Gabriella el texto se lee más como una enciclopedia ecológica que
como novela. En su afán por informar Munro produce diálogos como el siguiente:
—La Ciénaga de Santa Clara se
encuentra en el delta del Río Colorado y es parte de la Reserva de la Biosfera del Alto Golfo de California y
Delta del Río Colorado —le explicó
Gabriella—: El área está formada por grandes extensiones de agua salobre donde crece el carrizo y
el tule y cuenta con veinte mil hectáreas. Este
lugar es visitado por miles de aves migratorias de variadas especies, algunas han escogido este lugar para su
apareamiento y por lo mismo es visitada por observadores
de aves, científicos y estudiosos de los humedales. (148)
Los capítulos escritos a manera de notas periodísticas
reflejan de manera realista las cientos
que cada año se escriben en los diarios y semanarios del norte y la frontera
mexicana frecuentemente dando cuenta de ajustes entre narcotraficantes o algún
escándalo político. El discurso
periodístico y el novelístico se confunden en medio de una narcocultura donde
ya poco sorprende, ya sea droga que desaparece de manos de autoridades locales
o la filtración del narco a los altos niveles de la procuración de justicia
tanto en México como en Estados Unidos.
La novela toma lugar en los
difíciles años de 1993 y 1994 y tiene como trasfondo la implementación del
tratado de Libre Comercio, el levantamiento zapatista en Chiapas y el asesinato
del candidato presidencial Luis Donaldo Colosio. Los capítulos del 1 al 30 cuentan la historia
de amor y aventuras de Cristóbal Santillánez, reportero de El Centinela, y Gabriella Girardi, bióloga marina que estudia la
biósfera del Golfo de Santa Clara. No me da miedo morir inicia en media res con los protagonistas
torturados a manos de sicarios del narcotráfico. La suerte, personificada en unos eco
turistas, los salva cuando estos oyen los gritos, ahuyentan a los narcos y les
dan auxilio a las víctimas: “Los hombres de negro se treparon apresurados a las
suburban arrancando ruidosamente y desaparecieron tras una nube de polvo que
cubrió a los torturados que fueron atendidos inmediatamente por los
observadores de aves.” (168) Los eco
turistas de la novela de Munro
representan también la internacionalización de la solidaridad, una nueva
justicia que traspasa nacionalidades, nacionalismos y fronteras enarbolando una
ciudadanía global, una capacidad de actuar más allá del entorno.
Cristóbal había conocido a Gabriella casi un año antes cuando su periódico lo mandó a cubrir la inauguración de la Reserva de
la Biosfera del Alto Golfo de California.
Ahí comienzan su amistad y siguen en contacto esporádico hasta que ella
le pide que regrese para investigar la
misteriosa muerte de varias especies marinas, algunas en peligro de extinción y
que sólo se pueden encontrar en el Golfo de California. Las causas de la muerte
de estas especies se atribuyen a diversos factores, desde la poca agua que les
llega del Río Colorado al Golfo de Santa Clara por el abuso en Estados Unidos: “Los muy cabrones tienen una alberca en
cada casa y veinte campos de golf en cada ciudad en siete estados de
gringolandia mientras este mar está muriendo” (66)
También se mencionan las técnicas pesqueras que desperdician un alto porcentaje
de lo atrapado. Por último, se culpa al NK 19 un químico fosforescente usado
por los narcotraficantes para marcar el área donde deben dejar caer su carga
desde aviones. Esta carga es recogida por pescadores en lanchas rápidas
para luego intentar su cruce en la frontera.
La
visión de los Estados Unidos que se muestra en la novela es ambivalente. Hasta
cierto punto se le culpa por algunos de los males en el Golfo, como el
desperdicio que se hace de la aguas del Río Colorado. Por otra parte, en varias
ocasiones a lo largo de la obra Estados Unidos representa la seguridad que
escasea en México. Dormir en Yuma, Arizona equivale a escapar de las garras de
los narcotraficantes. Una cita ahí mismo supuestamente garantiza que no llegará alguien con un cuerno de chivo
a interrumpir la reunión. [viii]Pero
esta dicotomía Estados Unidos / México donde el primero es visto como un lugar
seguro donde impera la justicia y la ética se ve minada a lo largo de la obra.
Primero se nos dan pequeños indicios y luego sabemos que los agentes
norteamericanos también son corruptibles, que la corrupción no cesa al llegar
a la frontera sino que continúa del lado
estadounidense:
La DEA y todas las
autoridades están podridas, Nazario. De las miles de toneladas que cruzan a los Estados Unidos, droga que
les llega por cielo, mar y tierra, de lo único
que nos enteramos es cuando arrestan a un pobre diablo con unos cuantos gramos de coca o con dos ó tres carrujos de
mariguana y hacen un pedo de los mil demonios;
pero a los macizos, a los mero mero qué tal... ni maiz paloma. Ellos entran y salen de Estados Unidos como Chana por su casa. Allá tienen mansiones, cuentas bancarias, sus viejas
paren en los mejores hospitales gringos. (123)
Al final de la novela Tony Vaca, agente de la DEA coludido con el
narcotráfico, le informa a Cristóbal cómo pasaran la droga al país del norte: “Por
el antiguo ‘Camino del Diablo’ hasta Yuma. Estamos a escasos 30 kilómetros de
la frontera. Ya todo está arreglado. Dos guarda parques gringos están con
nosotros. (202) En este caso, el Camino del Diablo, el desierto hasta Yuma no
funciona como barrera mortal como con
los aspirantes a indocumentados sino que provee la cobertura perfecta para el
narcotráfico porque ya “todo está arreglado.”
Sin embargo, no todas las
autoridades son presentadas como corruptas en la novela. Al final, y justo
cuando más se necesitaba, el general mexicano Muñoz Barragán rescata al grupo
de Gabriela y Cristóbal de una muerte segura a manos del comandante Mindiola y
del agente antidrogas Vaca. No obstante, en este punto no se puede evitar el
cinismo y pensar que quizá el general Muñoz Barragán trabaje para un cartel
rival. No se puede olvidar que algunos de los militares mexicanos que en su
momento fueron considerados paladines antidrogas no hacían sino despejar el
camino al cartel para el que verdaderamente trabajaban, es decir golpeaban
sistemáticamente a la competencia.
Como en todas sus anteriores novelas Munro termina No me da miedo morir con un viaje en automóvil, acentuando que no
importa tanto el inicio o el origen sino el viaje mismo y el destino, un
destino mucho más brillante que el pasado. La luz del nuevo día y la letra de
la canción de Nana Nouskouri que titula la novela nos anuncia una mirada
optimista hacia lo que viene: “Allá enfrente, en la lejanía, donde el infinito
es apenas una línea grisácea, los rayos del sol irrumpen en un haz de luz
brillante y transparente. Lo que el destino nos traerá / lo tomaremos por
igual / los dos / y si en la eternidad / voy a seguir así / no me da miedo
morir / junto a ti”. (208) Las
ultimas líneas de la novela corroboran que los sacrificios y las valentía de
Cristóbal en su capacidad periodística se ven compensados: “A finales de
octubre Cristóbal escribiría un reportaje de cinco partes acerca del narcotráfico
que le haría merecedor de un premio por parte de la Sociedad Interamericana de
Prensa (SIP).” (208)
No me da miedo morir revela las tensiones y presiones que sufre
la procuración de justicia en los Estados fronterizos. Esta novela negra sonorense hace una aguda
crítica social pero siempre reconociendo que el problema es muy complejo y
difícil de resolver. Como trasfondo de
la corrupción y la delincuencia se encuentra una crisis económica que si bien
no justifica el ilícito sí ayuda a entenderlo en su entorno social. La obra
muestra las ataduras políticas y económicas nacionales e internacionales que
erosionan la justicia. Precisamente ante la nula procuración de justicia convencional
Munro propone la indignación individual como el detonante de cambio por medio
de la figura del periodista que trata de combatir el crimen. No es casual que este personaje participe de
la diseminación de información porque No
me da miedo morir propone que es justamente en la diseminación y exposición
del crimen donde reside una de las pocas formas en que se puede combatir la
injusticia y la impunidad en la policiaca del norte y su frontera.
[i] Julián Garza,
miembro del dueto norteño Luis y Julián, es compositor de importantes corridos
como Las tres tumbas, Asesino a sueldo y
Pistoleros famosos. Para conocer más
sobre la vida de este cantor de la violencia norteña ver de Guillermo Hernández
Diez mil millas de musican norteña: Memorias de Julián Garza.
[ii] ¿Cuál policiaca en
Sonora? fue la respuesta de un investigador de la literatura sonorense al
comentarle sobre el desarrollo del género en su estado. No hay reproche en la anécdota. No siquiera sorpresa. La policaca en Sonora
ha tenido un desarrollo lento, menos espectacular que el de algunos de sus
estados vecinos. Conocer la policiaca de Sonora exige un esfuerzo que espero
este ensayo contribuya hacer menor.
[iii] Jorge Munguía
Espitia “La vaquita marina en peligro de extinción”. Proceso. 1409 (2 de noviembre de 2003), 77.
[iv] La situación ha ido cambiando paulatinamente. Algunos autores,
después de publicar local y regionalmente logran interesar a sus contrapartes
nacionales y aun internacionales. Por otra parte, algunas editoriales
regionales (como Yoremito de Tijuana y
Castillo de Monterrey ) han logrado una presencia que va más allá de lo
regional.
[v] Al finalizar la
década de los noventas México era considerado en el hemisferio occidental el
segundo país más peligroso para el ejercicio del periodismo, tan sólo después
de Colombia de acuerdo a Ricardo Trotti de la Asociación de Prensa
Interamericana. Ver “E;SAE-N,Mexican-Style Journalism is Dangerous
Line of Work, Jul 27. “ Página de Internet. <http://www.eco.utexas.edu/~archive/chiapas95/1997.07/msg00431.html>
[vi] Una década antes,
en 1989, el que hasta entonces había sido codirector del semanario Zeta, Héctor “Gato”Felix no corrió con
la misma suerte y fue asesinado en su auto.
También, en julio del 2004 Francisco Franco, otro codirector del
semanario también fue asesinado de forma semejante.
[vii] Comunicación personal del 8 de mayo del 2004.
[viii] Incluso se habla de escapar a Kansas, con la madre de Gabriela para
librarse de la venganza del crimen organizado.
Bibliografía
Castro-Gómez, Santiago. “Althusser, los estudios culturales y el
concepto de ideología.” Revista Iberoamericana. LXVI. 193
(octubre-diciembre de 2000), 737-51.
García Canclini, Néstor. “La Globalización y
la interculturalidad narradas por los antropólogos.” Página del Internet. VIII Congreso de Antropología en Colombia. Universidad Nacional de
Colombia. http://www.colciencias.gov.co/seiaal/congreso/Ponen1/GARCIA.htm
Martínez, Francisco
Mauricio. “Latinoamérica vista por dos intelectuales: el neoliberalismo conduce a catástrofes.” Página del Internet. Prensa Libre
http://www.prensalibre.com/suplementos/domingo/archivo/agosto02/250802/cara.html
Munguía Espitia, Jorge. “La vaquita marina en peligro de extinción.” Proceso. 1409 (2
de noviembre de 2003), 77.
Munro, Guillermo. El Camino del Diablo. Hermosillo: Instituto Sonorense de
Cultura,
1997.
---. No me
da miedo morir. Edición del
autor.
Pineda Bojórquez, Angélica “Las violaciones a
la libertad de expresión en
Xanic, Alejandra.
“¿Quién fue? A tres años del crimen de Benjamín Flores, persiste la
incertidumbre”. Página del Internet. Impunidad <http://www.impunidad.com/cases/benjaminfloresS.html>